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Hay muchas cosas y situaciones a las que el ser humano teme. En un sentido, el temor a algo puede ser muy bueno para nosotros, pues nos puede alejar de situaciones riesgos y peligrosas. Por lo que el temor es una medida de protección… ¡previene!
Pero, la mayoría de los seres humanos, sucumbe ante el temor. Un temor que puede llegar a paralizar y a enfermar. A veces los temores son reales, es decir, las situaciones que se enfrentan son reales; pero, otras (y, muchas veces) son infundadas. Pero, los efectos son nocivos.
Sin embargo, hay un temor generalizado en el ser humano: ¡Es el temor a la muerte! ¿Quién no ha tenido temor a morir? Es posible que muchos puedan decir: “no le tengo miedo a la muerte”. Pero, cuando ella se acerca, a más de cuatro hace temblar. Siendo francos, yo también he experimentado el temor a morir. Ya lo dijo nuestro Hno. Jaime Notter, quien nos compartió desde Suiza recientemente: “No le tengo temor a la muerte, lo que tengo temor es de morir”. Y, ¡es verdad! Pero, ¿por qué?
El creyente sabe que Jesucristo venció, por medio de su muerte y resurrección, a la misma muerte y al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo (He. 2:14,15). Así que, el hecho de la RESURRECCIÓN de Cristo, es la que da la victoria al creyente. Por lo que podemos decir con el Apóstol: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:55-57).
Sí, en Cristo, el creyente tiene el perdón de todos sus pecados y es trasladado del reino de las tinieblas al reino de Cristo (Col. 1:14). Y, todo esto es posible, porque Jesucristo venció al imperio de la muerte con su gloriosa resurrección. Así que hermanos, agarrémonos de esta ancla de la fe y, no tengamos temor a la muerte.
Pastor José A. Martínez
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