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Corría el año 58 D.C., el Apóstol Pablo se hallaba en Corinto en su segundo viaje misionero, su corazón sufría viendo la condición humana depravada, visible en Corinto. Es movido por el Espíritu Santo a escribir una carta a los creyentes que estaban en Roma.
En ella describe la terrible condición del ser humano separado de Dios y a cuán baja puede llegar su condición por su alejamiento y rechazo de Dios (Ro. 1:18-32), al punto de que “todos han pecado y están separados de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). Esta es la triste condición de todo humano, en cualquier lugar y época: “muertos en sus pecados” (Ro. 6:23), porque esta es la paga por su extravío y pecado.
A este punto, presenta la SOLUCIÓN a esta tragedia humana: ¡Cristo! “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). Y, desde el capítulo 10, v.8, declara:
“Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:8-13).
Aquí, el Apóstol hace una pausa y dice, con su corazón abierto: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Ro. 10:14). Y, peor aún, “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” (v.15a). Hoy, el Hno. José Cárdenas de OPERACIÓN MOVILIZACIÓN, nos ministrará sobre lo que podemos y debemos hacer.
Pastor José A. Martínez
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