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El “Evangelio” son buenas noticias de salvación. Las Sagradas Escrituras nos dicen: “17 De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:17-20).
Así que cuando venimos a Cristo y nos rendimos a él, por fe, invitándole a ser Señor y Salvador de nuestras vidas, ocurre una RECONCILIACIÓN. Primero con Dios, luego con nosotros mismos, con nuestras familias y con la sociedad.
Pues el pecado que hemos practicado como parte de nuestra vida, nos separa de Dios, nos separa de la imagen de Dios en nosotros y nos separa de otros. Es por eso que nos cuesta perdonarnos y relacionarnos adecuada y bendecidamente con otros. Pero, cuando nos reconciliamos con Dios por medio de Jesucristo, se produce el milagro de la reconciliación. Dios hace las cosas nuevas y nos da una oportunidad de rehacer nuestras vidas siendo nuevas criaturas co9n una nueva vida /2 Co. 5:17; Jn. 10:10b).
En el mensaje de hoy, el pastor y misionero Carlos Lambers, nos estará enseñando acerca de esta RECONCILIACIÓN SOCIAL que ocurre cuando venimos a Jesucristo.
La Biblia está llena de testimonios de hombres y mujeres que tuvieron un encuentro personal con Jesucristo y sus vidas fueron reconciliadas, también, con la sociedad. Y, esto es ¡necesario!
Por ejemplo, la mujer llamada “LA SAMARITANA” (Juan 4:1-42). Antes fue una marginada social por su estilo pecaminoso de vida. Ahora, llena de gozo, sin vergüenza alguna podía decir: “Venid y ved a un hombre…”.
Tal vez, el más llamativo caso, diría “extremo”. El de un “paria social”, lo más bajo posible de la condición de un ser humano; alejado no sólo de su familia, sino de toda posible relación humana, el llamado “endemoniado gadareno”. El vino a Cristo, fue salvado y librado de la posesión demoniaca. Se dice luego que, estando en su juicio cabal, quiso seguir a Jesús. Y, Jesús lo envió a reconciliarse con los suyos (su familia) y socialmente, diciéndole: “Ve y cuanta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo”. Cristo lo transformó y lo devolvió útil a la sociedad, para ser agente transformador, siendo sal y luz. ¡Gloria a Dios!
Pastor José A. Martínez
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