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Josué fue un gran líder de Israel, durante su juventud no se apartó de Moisés, quien fue su inspiración y ejemplo. Además, Josué fue un hombre de fe, comprometido con el Señor, riguroso en obedecer sus mandamientos.
Al salir del desierto y entrar en la tierra prometida le fue confiada la tarea de pasar al pueblo de Israel a la tierra que fluía leche y miel. A la muerte de Moisés fue el relevo generacional que Dios se aseguró para proseguir con el propósito de cumplir la promesa hecha a Abraham, Isaac y Jacob. Dios es un Dios de generaciones.
Josué cumplió con el reto sin dudar; mientras vivió en la tierra de Canaán no se apartó del camino que Dios le había trazado: el de guiar al pueblo de Israel a la presencia de Dios, y enseñar sus mandamientos. Así el pueblo sirvió a Dios todos los días de Josué y su descendencia.
Pero llegó una generación que no conocía a Dios. Eso es lamentable. Josué cumplió con todo eso que le fue encomendado. Sin embargo, ¿Qué pasó entonces con esa generación? ¿En dónde estuvo el falló?
¿Estamos nosotros preparando a las próximas generaciones y enseñando a nuestros jóvenes y niños para que estén preparados para los retos de la que deben afrontar al seguir y servir a Dios llevando su mensaje a un mundo decadente?.
La nueva generación debe ser responsable con el legado de fe que Dios le ha confiado.
Dios les bendiga.
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