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Como por todos es sabido, en el mes de septiembre celebramos EL MES DE LA BIBLIA. Ella es la Palabra Inspirada de Dios dada a los hombres a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Ti. 3:16,17).
El libro de los Hechos menciona la centralidad e importancia de la enseñanza en la iglesia; pues, los apóstoles dieron relevancia al ministerio de la oración y la Palabra (Hch. 6:2-4). No es que los otros ministerios no fueran necesarios; sino que la enseñanza de la Palabra pone el fundamento correcto para la fe y el servicio cristiano.
El Apóstol Pablo, por su parte, escribió cartas para enseñar, dar instrucciones y dirección a los nuevos creyentes en las nuevas iglesias recién formadas. A los creyentes colosenses les dijo: “a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Col. 1:28,29).
El Apóstol entendió que para lograr esto debía alinearse con el trabajo que el Espíritu Santo hace en la iglesia por medio de los líderes que él ha llamado, sean apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Todo esto con el propósito de “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”; para que así, ya no seamos como niños fluctuantes, llevados por doquiera, de todo viento de doctrina. Porque hay hombres que tienen por estrategia engañar a los creyentes mediante el uso de estratagemas y artimañas del error. (Ef. 4:11-14). Por tanto, hace un llamado a que los creyentes sigan la verdad en amor, creciendo en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo. Y, hacerlo de manera concertada y unida (Ef, 4:15,16).
De allí, el esfuerzo que hemos venido haciendo de dar la debida importancia al estudio de la Biblia en nuestra iglesia. Es cierto que la pandemia nos ha desarticulado un poco al afectar las precencialidad para el estudio de la Palabra. Pero, hoy hacemos a todos, el llamado a reintegrarnos y CRECER EN LA PALABRA. Jamás debemos perder este norte. ¡REINTEGRATE!
Pastor José A. Martínez
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