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Hoy queremos dar gracias al Señor por la vida de nuestros amados hermanos y hermanas adultos mayores de nuestra iglesia. Ellos han sido y siguen siendo una hermosa bendición de Dios para nosotros.
El Salmo 71 es un salmo precioso; lleva por título: “ORACIÓN DE UN ANCIANO”. En él se expresan los temores, angustias y esperanzas de un anciano que ha puesto su confianza en el Señor.
Inicia con una declaración de confianza: “En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás… Porque tú, oh Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud” (v.v. 1 y 5). Pero, cuando los años pasan y el vigor físico va debilitando y la fragilidad asoma, se hace evidente un temor: ¡el sentirse inútil y el temor a ser desechados! De allí que, el salmista oró a Dios diciendo: “No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza acabare, no me desampares” (v.9).
! El Señor nos ha bendecido con ancianos preciosos, hombres y mujeres de fe, que son una verdadera inspiración. Ellos han dicho como Josué: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). Han permanecido fieles a través de los años; han pasado por muchas pruebas y tormentas y, aún siguen sirviendo al Señor a pesar de sus achaques de viejos… Pero, ¿aquí están! Hoy queremos decirles que los amamos, que los valoramos, que no los olvidamos, que atesoramos su ejemplo de fe y vida.
¡Somos una iglesia bendecida! Lo somos porque en la Palabra de Dios se nos dice que la presencia de ancianos en medio nuestro es una prueba de la bendición de Dios sobre su pueblo: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: “Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas” (Zc. 8:4,5).
¡Gloria a Dios por estos pilares de fe, nuestros ancianos
Pastor José A. Martínez
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