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Este importantísimo llamado a la oración por la nación fue dado a Salomón por Dios mismo como un pacto entre Dios y su pueblo. Fue dado en la ocasión de la dedicación del Templo que Salomón construyó en Jerusalén (2 Cr. 7:11-22).
Es cierto que era para Israel como el PUEBLO DE DIOS. Pero, el principio de orar por la nación, se mantiene. Y los creyentes, redimidos por la sangre de Cristo, somos ahora el NUEVO ISRAEL (Ro.9:25; Ti. 2:14; 1 P. 2:9,10; Gál. 6:16b). Estos creyentes estamos dispersos por todas las naciones del globo terráqueo. Y, es un DEBER, orar por la nación y los gobernantes de la nación donde se vive (1 Ti. 2:,2).
Así lo entendió el Apóstol Pablo, lo practicó y lo dio como instrucción y exhortación al joven pastor de la Iglesia Cristiana de Éfeso, Timoteo (1 Ti. 2:1-8).
Pablo sabía que las autoridades son instituidas por Dios (He. 13:1). Que es Dios quien quita y pone los gobernantes (Dn. 2:21). Pero, también sabía que los corazones de quienes están en eminencia gobernando el destino de los pueblos, se tiende a corromper y, abusa y se aprovecha del poder, para lucrar (Mt. 10:25). Por lo que, llamada a Timoteo como pastor de una iglesia a orar y enseñar al pueblo cristiano a orar por las autoridades para que vivamos “quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”.
¿Es posible que se pueda vivir de esta manera? El creyente sabe que hay poder en la oración (Stg. 5:16b); pues, el que mandó a orar es un Dios justo y Santo, que tiene todo poder y autoridad sobre todo dominio y poder, tanto en el mundo físico y espiritual (Col. 1:16).
Hoy, pues, el Señor pone en mi corazón, en el contexto del mes de la Patria, unirnos en oración por las autoridades de nuestra nación. Orar que, nuestro Señor Jesucristo, deshaga toda obra del diablo sobre nuestra nación (1 Jn. 3:8). ¡OREMOS POR NUESTRO PANAMÁ!
Pastor José A. Martínez
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