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En el mes de junio hacemos un énfasis especial en el tema de la familia. Es necesario hacerlo porque la familia es la base de la sociedad. Familias sanas constituyen el fundamento para una iglesia saludable y una nación fuerte. Así que, la única manera de tener familias sanas, es volviéndonos al modelo de familia establecida por Dios. Y, para ello, debemos volvernos al manual de instrucciones de Dios para la familia… ¡la Biblia! Pasar por encima de estas instrucciones o desecharlas trae consigo consecuencias nefastas para todos.
El creyente debe tener siempre presente lo que Jesús dijo en relación con el diablo “vino para robar, matar y destruir” (Jn. 10:10a) y, respecto a la iglesia (y de hecho, de cada uno de nosotros) que somos sal y luz (Mt. 5:13-16). La luz está para alumbrar en la oscuridad y mostrar el camino seguro; la sal, para preservar. Y, una de las cosas por la que la iglesia debe luchar, es la familia. Debe preservar el modelo familiar establecido por Dios.
Esta familia debe estar formada por un hombre y una mujer, en la que crecen los hijos que Dios nos da como herencia (Sal. 127:3-5). Debemos luchar por nuestros matrimonios y nuestras familias; nuestros hijos deben aspirar al matrimonio.
Es cierto, la familia ha venido sufriendo muchos cambios y, el diablo, no se ha quedado con las manos cruzadas; pues, desde el principio mismo ha procurado destruirla. Algunos factores externos han contribuido con esto: la Revolución Industrial (alto costo familiar por largas jornadas laborales en fábricas de los centros urbanos); las grandes guerras (muchos niños huérfanos y, padres distanciados emocionalmente de sus familias); el movimiento de liberación femenina (en un principio inició como una lucha legitima; pero, en el camino se desvirtuó). Ahora, la revolución tecnológica y digital con la internet también está pasando su factura y, peor, promoviendo otros modelos de familias diferentes al modelo de Dios. Frente a esto ¿Qué hacemos?
Pastor José A. Martínez
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