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EL VALOR DE LAS ESCRITURAS

Pablo escribió desde la cárcel en Roma su Segunda Carta a Timoteo, quién era su hijo espiritual. Y que, estaba a cargo del cuidado pastoral de la Iglesia de Éfeso. Era el año 67 D.C.

 

En esta sección del capítulo 3, versos 14 al 17, Pablo concluye con un llamado a Timoteo a que permanezca fiel a toda la enseñanza que ha recibido. Por ascendencia materna, Timoteo era judío, a pesar de que su padre era griego (Hch. 16:10). Está claro que había sido criado por su madre; pues, la gloria de los judíos era que sus hijos desde sus más tempranos días fueran enseñados y entrenados en la Ley. De modo que desde la niñez Timoteo conocía la Palabra de Dios (el Antiguo Testamento).

 

El Apóstol Pablo, quería que Timoteo supiera y enseñara a la iglesia acerca de la utilidad de Las Escrituras:

1.     Las Escrituras otorgan sabiduría para la salvación.

2.     Las Escrituras son útiles para enseñar.

3.     Las Escrituras son valiosas para redargüir

4.     Las Escrituras son útiles para corregir

5.     El estudio de las Escrituras instruye al hombre en justicia

 

Por todo esto, el Apóstol rogó encarecidamente al joven pastor Timoteo a que: (1) Predicara la Palabra; (2) que insistiera a tiempo y fuera de tiempo; (3) que redarguyera; (4) que reprendiera; (5) que exhortara con toda paciencia y doctrina,

Y, luego, le dice la razón de este esfuerzo y esta urgencia: “vendrían tiempos cuando no sufrirían la sana doctrina”… que la gente tendría comezón de oír; pero, se amontonarían maestros conforme a sus propias concupiscencias (deseos) que apartarían de la verdad el oído y se volverían a las fábulas (4:1-4).

 

Así que, Timoteo, como pastor, debía ser sobrio en todo, soportar las aflicciones, hacer obra de evangelista y cumplir su ministerio.

(* Adaptado de Comentario Bíblico William Barclay)

 

Pastor José A. Martínez

 

 


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18 de Septiembre de 2022