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La vida es hermosa y, ¡es una bendición de lo alto! Hoy la recibimos como un regalo de Dios y queremos ser agradecidos.
Ciertamente, hay muchas cosas que hemos recibido de Dios y, debemos administrarlas con sabiduría. Ser un buen administrador trae consigo bendiciones para nosotros mismos y nuestras familias y para el reino de Dios. Y, naturalmente, trae gloria a Dios.
De todo aquello que hemos recibido, hay algunas que verdaderamente atesoramos, porque son muy valiosas para nosotros. En el texto de hoy, hay una advertencia de Jesús al respecto: “Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lc. 12:34). Por lo que Jesús enseñó que debemos atesorar el reino de Dios por encima de toda cosa material. Hacer esto es sabio; pues, es lo único que permanecerá.
Por lo que hizo un llamado a sus seguidores a ser “siervos vigilantes”. Siervos (“mayordomos”) que sirven diligentemente; pero, que a cada instante son conscientes de ello y, esperan con gozo el regreso de su Señor. Hacer esto es ser “bienaventurado”. Pues, él mismo hará que se sienten a su mesa.
Esta ha sido una larga espera del pueblo cristiano a lo largo de los siglos. Pero, aunque la espera haya sido larga, sabemos que cada día está más cerca su venida. Y, nosotros queremos estar preparados. Es por eso que procuramos servir con los dones y talentos que hemos recibido de él y, queremos hacerlo con fidelidad.
Nuevamente, la mayordomía fiel produce resultados de bendición en nuestros hogares, en lugares de trabajo, en la iglesia y a la nación. La oración para hoy es: “Ayúdame, Señor, a ser un siervo fiel y vigilante que trabaja donde me pusiste y que siempre mi tesoro esté en lo eterno, para que mi corazón esté en lo que te agrada.
Pastor José A. Martínez
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