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“El Cristiano y la Obediencia” La obediencia es una hermosa virtud que debe adornar la vida del creyente. La obediencia agrada a Dios. Lo contrario, la “desobediencia” no le agrada. La desobediencia surgió del corazón maligno de satanás cuando se reveló contra la autoridad de Dios (Ez. 28:12-18) y, echado sobre la tierra, indujo a nuestros primeros padres a la desobediencia (Gn. 3).
Así que, la obediencia produce fruto de paz y bendición donde quiera que se dé. Pero, la desobediencia produce el fruto de la discordia, la desunión, la anarquía, sublevación, dejadez, fracaso, y muchas otras cosas terribles. El diablo quiere que el cristiano ande en desobediencia a toda autoridad y, sobre todo, a la Palabra de Dios. Pero, Dios quiere que el cristiano sea un hombre, una mujer, un joven, un niño, un anciano… ¡Obediente!
El evangelio de Juan, en el capítulo 13, registra la ocasión en que Jesús lavó los pies de sus discípulos durante la Última Cena. Allí dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (v.15). No sólo dio ejemplo de servir a los otros, sino que mandó a los creyentes a hacerlo también. Cuando se hace, se llama “obedecer”.
Obedecer no siempre es fácil. Ya hemos visto como Adán y Eva en el Huerto de Edén, no pasaron la prueba de obediencia. Pero, Jesucristo, el “Segundo Adán”, sí fue obediente hasta lo sumo… ¡entregar su vida hasta la muerte por obedecer! El autor del Libro de Hebreos nos dice: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió obediencia” (He. 5:8).
Así que, nosotros también debemos aprender obediencia, aunque muchas veces, sea difícil y trae consigo padecimiento. Pero, ¡se agrada a Dios! Hoy nuestro, Hno. Julio Girón, diácono, servidor en nuestra iglesia, nos hablará de la obediencia.
Pastor José A. Martínez
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