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Estamos a un año de que inició esta pandemia del coronavirus en China y, nosotros en Panamá, a casi 11 meses de luchar y batallar. La verdad es que nos sentimos agotados y agobiados.
Son muchos los hermanos que expresan ya su agotamiento mental y emocional y, algunos, hasta un decaimiento espiritual. Como vimos, cuando predicamos sobre la experiencia del profeta Elías, este desgaste es natural luego de un tiempo prolongado de tensión, temor, angustia y de no alimentarse bien. Dios no le recrimina, le da alimento y agua y, le permite descansar. Eso renovó las fuerzas físicas del profeta; pero, aun así, necesitó de un encuentro a solas con Dios en el Monte Santo, para levantar su ánimo y su espíritu y continuar con su tarea hasta que el Señor lo dispusiera.
Nosotros. Igual, nos sentimos agotados y agobiados; pero, necesitamos dar un paso más y no bajar la guardia. Estamos muy cerca de la vacuna que, el Señor pone a nuestro alcance, para ayudarnos y hacernos volver a la llamada “normalidad”. Esa espera, aún puede ser angustiante, sobre todo por la gran cantidad de gente enferma a nuestro lado. Por lo que, es necesario, no bajar la guardia en cuanto a las medidas sanitarias requeridas, sobre todo, el mantener distancia entre las burbujas familiares.
Como creyentes, tenemos armas espirituales, a las cuales debemos echar mano en este tiempo, a fin de que podamos estar firmes contra las acechanzas del diablo y poder resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Por eso, les invito a que, en esta semana, procuremos colocarnos diariamente la Armadura Espiritual (Ef. 6:10-20) y que procuremos tener un tiempo prolongado a solas con el Señor.
Pastor José A. Martínez
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