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Sin lugar a dudas, este es la época más hermosa y esperada del año; sobretodo, para los niños. ¿La razón? ¡sobra a la vista!
También la es para los creyentes que recordamos con gozo el nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en Belén hace 2000 años.
Sin embargo, invade nuestro corazón una profunda tristeza por la “falsificación” de la navidad. La verdad es que los hombres celebran la “fiesta” de navidad y han dejado por fuera al que es la razón de la navidad, al que nació en humilde pesebre en Belén.
El diablo, el gran mentiroso y engañador, desde un principio ha deseado el honor y la gloria que pertenece sólo a Dios y procurado engañar al ser humano para que no se acerque al creador. Lo ha intentado de muchas maneras: la persecución abierta (esto es intimidación); otras a través de la tentación (esto es seducción) y otras a través del engaño de la falsificación.
Sí, es un mentiroso y un falsificador. Y, esto ha hecho con lo precioso y hermoso de la navidad. Ha metido en la mente y el corazón de la gente, a través de las edades, tradiciones navideñas que deslumbran a los humanos y opacan al Redentor nacido en Belén.
Tal es su ataque que, ahora va más allá, y nos están diciendo: no más feliz navidad; sino. “felices fiestas”, “felices fiestas de fin de año”. ¡Ya no más navidad!
Es, pues, contrastar la verdadera navidad con la falsificación de la fiesta de navidad. El creyente debe saber cómo agradar a Dios en este tiempo de navidad y proceder conforme al deseo del corazón de Dios. Y, sobre todo, vivir el verdadero espíritu de la navidad. ¡Felicidades a todos! ¡Emanuel, Dios es con nosotros! Cantemos y celebremos con gozo; anunciemos a todos que ¡el Redentor ya ha nacido !
Pastor José A. Martínez
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