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En cuanto a las pruebas y sufrimientos que forman parte de la vida, ninguno está eximido. Nuestro Señor Jesucristo enseñó que “estamos en el mundo; pero, que no somos del mundo” (Jn. 16:33). El “estar en el mundo” implica que estamos sujetos a la experiencia humana de pruebas, sufrimientos, enfermedades, tentaciones y, aun caída en pecado. De seguro, toda esta fragilidad afecta nuestra actitud y conducta como mayordomos. Sobre todo, cuando sabemos que no hemos hecho bien delante de Dios y hemos pecado contra él. El diablo nos acusa delante del Padre (Ap. 12:10), nos sentimos mal y nuestra mayordomía es afectada. Es cuando nos damos cuenta cómo nuestra comunión con Dios es vital para nuestra buena mayordomía.
¿Qué debemos hacer, entonces? La Primera Carta del Apóstol Juan, nos muestra el camino de retorno a nuestra comunión con Dios y a nuestra mayordomía responsable. Lo primero que el Apóstol nos recuerda, es que no hay uno sólo que no peque delante de Dios (1 Jn. 1:8). Esto es duro, porque aunque no queremos pecar como estilo de vida; siempre pecamos delante de Dios. Y, aquí es donde el diablo se aprovecha para hacernos sentir culpables; pero, es allí donde debemos echar mano a la promesa: “si confesamos nuestros pecados él es fiel y justo para limpiarnos de nuestro pecado” (1 Jn. 1:9). Y, para reafirmar, esta verdad, afirma que Jesucristo mismo es nuestro abogado y la propiciación por nuestro pecado (1 Jn. 2:1,2).
Una vez confesado el pecado y habiéndonos apropiado de su perdón, es hora de levantarnos una vez más, créele a Dios y asumir nuestra responsabilidad como mayordomos suyos. Teniendo siempre presentes que NUESTRA COMUNIÓN CON DIOS ES VITAL PARA SERLES AGRADABLES A ÉL Y PARA UNA BUENA MAYORDOMÍA INTEGRAL. Por lo que hoy el Diácono José Manuel Montes, nos ha de ministrar con el tema “Mi Relación con Dios es Fundamental para una Buena Mayordomía” (Dt. 10:12-14). Esta declaración es cierta, viene desde el Antiguo Testamento, recorre las páginas de toda la Biblia, Jesucristo insistió en ella (Jn. 13 ) y el Apóstol Juan la volvió a reafirmar al final de su vida para que los creyentes de todos los tiempos siempre lo tuviéramos en cuenta (1 Jn. 2: 3-6)
Pastor José A. Martínez
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