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Juntos Para Bendecir Nuestra Nación

“Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae” (Jesús, Lc. 11:17b)


Todos queremos una nación próspera y bendecida. Sin embargo, la corrupción galopante, el egoísmo y la falta de unidad en la nación, poco a poco, van mermando este sueño de prosperidad y bendición.


Por el otro lado, el pueblo cristiano, esperamos más que prosperidad y seguridad, realmente quisiéramos que fuéramos una nación “bienaventurada”. Pero, para ser una nación bienaventurada hay que volverse de todo corazón a Dios (Sal. 33:12). Y, para que esto ocurra, la iglesia debe proclamar el mensaje de Jesucristo, porque sólo de esta manera viene el reino de Dios y el corazón de las personas cambia y son trasladados del reino de oscuridad moral y espiritual (el reino de las tinieblas) al reino de justicia y paz (Mt. 6:10; 2 Co. 5:17; Col. 1:13).


Sin lugar a dudas, el aporte que hace la iglesia a la nación es extraordinario y, no muchas veces valorado. Los inconversos ven a al creyente y a la iglesia como un asunto de religión y religiosidad. No valoran el aporte de la preservación de la moral y la familia. La iglesia contribuye con ciudadanos ejemplares en lo estudiantil, laboral y familiar. Y, contribuye con una verdadera transformación social.
Así que tenemos un enorme desafío. Por un lado, Cristo, el Señor de la Iglesia, oró por una iglesia presente y unida para que pueda cumplir su misión en el mundo (Jn. 17). Pero, la iglesia en general, no está unida. Al igual, como lo hacen los políticos e ideologías diversas al buscar sus propios intereses mezquinos, la iglesia no se queda atrás.


Como iglesia local, corremos el mismo peligro. El pensamiento de Maquiavelo “divide y vencerás” está allí. Y, sabemos de quién viene esto, del padre de mentira, el diablo (Jn. 8:44). Él no quiere una iglesia que trabaje unida, concertada y armoniosamente. Por lo que va a ser todo lo posible para romper este vínculo de amor y trabajo unido de cuerpo. Por tal motivo, hoy que escogemos el liderazgo para el ministerio de la iglesia para los próximos dos años, recordemos que la división, competencia o discordia no edifica. Valoremos lo que podemos hacer juntos y dimensionemos las implicaciones de no hacerlo. Recordemos que nuestro ejemplo de servicio humilde es Cristo, no el mundo (Mt. 20:25-28). Trabajemos en equipo, como un cuerpo que somos en Cristo (Ef. 4:15,16). Y, escojamos con los requisitos mencionados en Hch. 6:3.

 

Pastor José A. Martínez
 


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26 de Noviembre 2023